martes, 19 de mayo de 2026

Año 2026 DC

Entre el último posteo y este pasaron 10 años.

Pasamos de Blackberry a teléfonos inteligentes, cámaras ultra modernas en teléfonos sofisticados para poder subir con filtros o sin filtros nuestras fotitos y vidas a Instagram, Tik Tok y algunos de la vieja escuela en Facebook que va quedando relegado de a poquito y que solo tenemos para recordar quién cumple años.


También llegó la era de la Inteligencia artificial.

Chat GPT, Gemini e interminables aplicaciones que hoy pueden solucionarte la vida o arruinarla en un segundo.


Mientras el mundo y la tecnología avanzaba, en el medio tuvimos una Pandemia mundial.

Y nos encerraron, pero en realidad fue para que el universo nos enseñe a todos como sobrevivir y ahí fue cuando todos descubrimos que el ser humano no estaba preparado para convivir 24 horas consigo mismo y con su familia.

En un edificio de Buenos Aires una señora empezó a aplaudir al personal de salud… pero se confundió de horario. Durante dos semanas salió sola al balcón a las 11 de la mañana, emocionadisima, golpeando una cacerola y gritando “¡vamos héroes!”. Los vecinos primero pensaron que tenía información privilegiada. Después empezaron a saludarla por compromiso. Al final, ya era una especie de ceremonia barrial y algunos ponían música de fondo.

En otra casa, un hombre hizo tantas videollamadas laborales que terminó olvidándose de que estaba sin pantalones. Se levantó muy serio para buscar un café en plena reunión y dejó al descubierto un bóxer con patitos amarillos, ni hablar del diputado con su pareja semi en pelotas que se había olvidado de apagar la cámara mientras le comía cierta parte del cuerpo en plena sesión.

También estuvieron los expertos improvisados. En marzo todos eran epidemiólogos, en abril panaderos de masa madre y en mayo profesores de yoga emocional.


 Había gente alimentando un frasco con harina como si fuera un hijo:
—“No hagas ruido que la masa está descansando.”







Los cumpleaños por Zoom fueron otro capítulo aparte. Treinta personas cantando el “feliz cumpleaños” completamente descoordinadas, alguien hablando muteado durante quince minutos, una tía acercando tanto la cámara que solo se veía una ceja y un tío que jamás entendió cómo apagar filtros y pasó toda la cuarentena con orejas de conejo.

Y después estaban las compras online desesperadas. Personas limpiando paquetes de arroz con alcohol, lavando bananas con detergente o dejando los pedidos “en cuarentena” en el balcón

Pero quizá lo más absurdo fue cuando todos pensamos:
“Bueno, en dos semanas esto termina.”

Y cuatro meses después seguíamos discutiendo si el barbijo iba arriba o abajo de la nariz mientras aprendíamos recetas, descargábamos TikTok y hablábamos con plantas para no perder la cordura


Hemos tenido fiestas virtuales, si, fui a varias, solita y mi pareja en mi casa mientras el DJ pasaba musìca en su casa, solito tambièn y todos solitos en sus casas, bailàbamos solos, sin vernos, sin tocarnos y a ritmos desenfrenados.

Las sesiones de con el sicòlogo pasaron a ser por zoom, las clases por zoom,  y en ese año muchas parejas decidieron tambièn manejar el tema sexo por zoom.

En mi caso, con pareja firme (10 años de convivencia), pasamos el año de nuestras vidas.

Aprendi muchas cosas… a hacer dulces caseros, a arreglar una làmpara,  a hacer decoraciones varias con piñas y hojitas, Mercado llibre no daba a basto con la cantidad de pelotudeces que yo compraba para que se pase el dìa.

Un dìa decidi hacer velas, me comprè pabilo, cera y aromas varios. Hice una sola.


Decidì hacer un taller virtual, que no completè, clases de yoga que solo duraron 2 clases, clases de baile y quichicientas manualidades diarias.

Pasè a pintar frascos para poner cepillos de dientes, para adornar la casa,

Tambièn me puse creativa y empecè a decorar la casa tipo familia Ingalls, con ramas y cosas varias que lograba salvar del jardìn.

No saben la divinura que hice para arriba de la chimenea, una rama gigante, con palitos que la atravesaban, toda una obra de arte.

Espantosa.

Pero yo estaba feliz, eran mis propias manos las que lo hacían.

Lidiaba con mi hijo en sus clases virtuales, gritos, llantos y amenazas que sabìa no iba a cumplir nunca.

Llegò el Fornite para arruinar los nervios de toda la familia y casi matarnos de un infarto con los gritos del menor.

En un momento dejé de rociar con vinagre y lavandina todo lo que llegaba a casa porque ya olìa a telo y porque me daba fiaca.

Entonces pareja se contagiò en alguna de sus salidas a reuniones que él tenía permitidas


Lo encerré 5 días en el cuarto, sin poder salir cual terapia intensiva, le armè una mini cocinita en el baño para que pudiera  hacerse algo de tomar, le dejaba la bandeja en la puerta y así 5 días.

Fue la gloria.

Estaba ahí, pero no estaba ahí.

y yo mientras tanto seguìa con mis clases de “algo” virtualmente.

Hoy tengo 2 heladeras portàtiles, 2 cafeteras nespresso y 4 pavas eléctricas, y un horno de pan eléctrico que solo uso una vez.

Porque con el bicho no se jodìa, entonces el contagiado debía  tener algo en el cuarto para pasar sus días de encierro total.


En el ínterin llegó Chulo, el perro.

Què por suerte sigue vivo.

El gato que tambièn adoptè post ùltimo post, sigue vivo tambièn y acà estamos felices los 3.

SI, ya no somos 4, somos 3.


Mi hijo menor luego de la pandemia se fue a vivir a Londres, quedamos 4.

Y gracias a Gemini, un desodorante y la puta que lo parió de un día para el otro, solo quedamos 3 y soy la ùnica humana.

Pero esa historia va a parte.



3 comentarios:

  1. Amé ese resumen de lo que nos tocó vivir...me sentí identificada con las clases virtuales, algunas sirvieron porque ahora además de abogada soy coach ontológico y Consteladora familiar...pero tambié soy la única humana de la casa. Un abrazo Guada

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