jueves, 21 de mayo de 2026

NADIE TE OBLIGA A VELAR A UN MUERTO

 




Mi familia tiene la costumbre de convertir catástrofes o cualquier situación difícil en un espectáculo grotesco.

De convertir llantos en risas y de mirar siempre en positivo las cosas aunque estemos velando a un muerto.




Nos hemos equivocado de velorio, saludando gente y sirviendo café, cuando no era nuestro muerto mientras nos preguntábamos quién era esa persona que había venido a dar el pésame;

hemos ido corriendo a la panadería a comprar cosas ricas para comer, porque en la familia la comida es cuestión de honor
 y no tener sanguchitos de miga para paliar la situación en MI familia: es pecado.




Somos degustadores de sanguchitos de miga, por lo tanto no deben faltar en un entierro o velorio.

NUNCA

Siempre está la que trae las masitas y los sanguchitos de salame, ananá y morrones y palmitos:

somos raros… nos gustan las cosas raras y somos de gustos extraños.



Mi abuelo se había casado por segunda vez con la mujer de su amigo fallecido y amiga de mi abuela fallecida.


No la queríamos mucho porque nos enteramos que se habían casado en secreto (por iglesia y todo)

No solo eso, sino que, de a poquito nos había empezado a hacer un fliquiti a todos.

No podíamos ir a saludarlo sin su permiso, ya no podíamos salir con él los domingos como siempre.

Encima con 82 años había usado la jubilación de mi abuelo para hacerse las lolas:

SI, porque consideraba que las tenía como teta de vaca, más cerca del ombligo que del esternón…

Y si mi ciela, con 82 años mucho no podés pretender.

Y un día se murió.

Antes que mi abuelo.

No hubo drama, no hubo llantos, solo: che, familia la vieja de M se murió (era su apodo y ya la llamábamos asi)


¿Quién se ocupa??, porque el abuelo tiene 85 y esto lo debe superar.


Tiá y papá se ocupan de todo.

El entierro es en conocido cementerio de zona norte.

Para allá partimos todos para acompañar a mi abuelo.


Esta personita que escribe era la más odiada por esta mujer, porque yo no no callaba nada,  el día del festejo de casamiento que fue lugar varios días después de consumado en un resto:

cantè las 40 adelante de todos sin tupajos y de ahì el odio.

Caravana como Dios manda, a paso de hombre, seguidos por familiares solo de mi abuelo, osea, nosotros.


Con masitas y sanguchitos obvio.

Llegamos, servicio.

Alguien quiere decir algunas palabras?


Todos me miran a mi, como pidiendo por favooooor que no diga nada.

Mutis.

Nadie habla.


El cura empieza a dar una misa corta y palabras alusivas a la grandeza del señor y la mar en coche y termina diciendo:


Que la paz la tenga en su gloria!!!

Se escucha de fondo:


Gracias a DIOS! (asi con fuerza, con efusividad!)


Bien fuerte, en el silencio del lugar con un eco supremo.

Y no había sido yo.

Había sido mi tía que en un lapsus de recuerdos de misa dominical repitió lo que había aprendido de niña.


El tema que en el contexto de mujer no querida, ese GRACIAS A DIOS A VOZ ALTA detonó que varias de sus nietas largáramos una carcajada ahogada y tuviéramos que salir del lugar.

Obviamente mientras nos comíamos los sandwiches que habían sobrado de la previa.

El cura invita a los presentes a trasladar el cajón….


Se acerca mi primo, mi papá, algún sobrino…y faltaba una manija para cargar el cajón.

Quién estaba más cerca?

YO


La más odiada por la muerta empezó a cargar el cajón a su entierro definitivo.

Karma divino le dicen algunos.

Mi abuelo nunca lloró.

NUNCA

y al terminar el agape funeral dijo como si nada:




Vamos a casa a comer unas pizzas?


Y ahí partimos todos luego de casi 4 años de no poder pisar la casa de mi abuelo.

Por supuesto a comer a mansalva como él estaba acostumbrado y a volver a disfrutar en familia.

La cantidad de morfi que había en ese momento en la casa de mi abuelo era digno de mi familia.

Estuvimos hasta altas horas de la noche riéndonos y disfrutando.


Volvíamos a tener a nuestro abuelo de nuevo.


Mientras todos disfrutaban el agape post funeral, las primas decidimos empezar a revisar placares (y si….).


Pelucas varias, baby dolls muy sexies, una camilla para masajes con piedras calientes?

Y cosicillas sexualmente innombrables en este blog.


ANONADADAS.


Moraleja:

pudo ser una vieja de mierda pero en los últimos años hizo feliz a mi abuelo a su manera.

Con tetas nuevas, con pijamas sexies y aparatología confortante.




Aprendimos una lección:

no somos quién para juzgar a la persona que nuestro ser querido elige y ama.




No somos ni debemos interferir amenazando: es ella o nosotros.




Si esa persona lo hace feliz, no podemos ser la ruina de ese amor por obligarlo a tener que elegir entre nosotros y ella,

y solo porque no nos caía bien.

Conozco varios casos que sus hijos decidieron por ellos.




Nosotros a él lo dejamos ser y ser feliz sus últimos años de vida




Y mientras estuvo con ella fue feliz.

Pero ella se murió primero.

Nosotros pudimos disfrutarlo muchos años mas, pero él estaba solo, viviendo los años que le quedaban, sus días y su cotidianeidad en soledad.


Pensemos mucho antes de juzgar y decidir por nuestros mayores.

Son sus vidas, no las nuestras.










2 comentarios:

  1. Muy interesante. Sí, cada pareja es un mundo aparte.
    Parece el capítulo de una novela!

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