martes, 2 de junio de 2026

Un taxista filósofo y un pasaje a Londres - Crónica de un viaje para el cul..

Crónica de un sábado que arrancó con ganas de “limpieza energética” y terminó en una tragedia anatómica y revelaciones ancestrales.

Me pintó el ataque de orden y procedí a borrar de la faz de la tierra los últimos fósiles que dejó mi ex en casa. Porque convengamos que para dejarle espacio a alguien con vuelo, primero hay que rajar a los fantasmas que no pagan alquiler.
Me agarró una posesión marienekondesca iba largando todo por los aires subida a mi
encaramada escalera de madera atada con sogas, pues ya tiene su final de vida, desafiando a la gravedad... y en medias.

Spoiler: la fricción es una ley de física que no se debe ignorar.
Caída de dibujo animado y aterrizaje forzoso de la manera más literal posible sobre el piso, y sentada, Resbalón de comedia muda. 

Quise borrar el pasado tan fuerte que terminé borrando mi propia estabilidad. 


Dicen que para sanar hay que tocar fondo, pero yo me lo tomé demasiado literal, me bastaron dos segundos de trapo de piso para romperme el culo yo solita

¿El diagnóstico? Fractura de coxis. Sí, gente, me rompí el hueso de la alegría. El universo vio que estaba demasiado feliz limpiando su recuerdo y decidió recordarme —por las malas— que el dolor es temporal, pero la dignidad perdida en el parqué es para siempre

​Lastimada, humillada e imposibilitada de sentarme, llego al hospital en un grito de dolor, llega camillero, a la guardia, tomografía de cerebro, de cadera y no  se cuántas cosas mas.
Mientras volvía con el diagnostico de culo roto,  llamo a mi papá desde el taxi para decirle mi desgracia. 
Y como para todo en mi familia la discreción no es virtud, la conversación terminó con un mapeo médico de nuestro árbol genealógico.
En el interin escribía a todos los que recordaba que habían usado o tendrían el famoso almohadon con agujero;
TODOS EN USO
 Mientras yo le lloraba a papá por mi coxis, él me detallaba el drama de las hemorroides de mi tío, abuelo y él mismo y los quistes anales de mi primo recién operado un festín proctológico en vivo y en directo, notaba que el taxista se reía, hasta que no aguantó mas y largó la carcajada. 

Nos reímos juntos.

 Llegamos a destino, le pago al chofer y, mientras bajo como puedo del taxi y de costado, le agradezco y el chofer me mira por el espejo retrovisor, suspira con sabiduría ancestral y me lanza la frase del año: 
 “Y bueh… ustedes si que están todos para el culo”. 
Poesía pura.

​"Operativo Lisiada" rumbo a Londres

​Como si romperme el coxis no fuera suficiente castigo, el destino me tiene preparado el broche de oro. En unos días me voy a Londres a ver la graduación de mi hijo (¡un orgullo total!). Pero el trayecto implica 12 horas de vuelo. 

Doce horas. 
Sentada.

​Tuve que activar el protocolo de emergencia en la aerolínea: pedir asistencia especial y servicio de silla de ruedas en el aeropuerto. Ya me veo venir la secuencia digna de comedia de Hollywood: yo, siendo empujada por Ezeiza como una reina caída en desgracia, intentando mantener la dignidad con la espalda más rígida que un Playmobil y de costadito, asi como si estuvieras a punto de largarte un pedillo.
La herencia de la discordia 
​Acá es donde la historia se vuelve surrealista. En medio del dilema de si comprarme o no un almohadón inflable con agujero para el viaje (y pasar la vergüenza de pasear una dona proctológica por Heathrow), mi papá me manda un WhatsApp.
​"Che, encontré esto en el fondo de casa, te va a servir", me dice, y me adjunta la foto de un almohadón gigante con forma de herradura y un pozo en el medio.
​Como no entendía bien la fisonomía del asunto, le saqué captura y le pregunté a Gémini para qué servía exactamente ese modelo. 
Gémini, muy correcta, me responde: "Es un almohadón diseñado idealmente para el confort en el posparto, aliviando la presión en la zona pélvica...".
​¡Genial! Pensé. Pero se me ocurrió preguntarle a mi viejo de quién carajo era ese almohadón de posparto si en casa no nacía nadie desde la década del 90.
​Su respuesta me dejó helada: "Ah, no sé, era de tu abuelo".
​¡POR FAVOR! 
¡Mi abuelo usaba un almohadón de posparto! O sea que lo nuestro no es una mala racha, ¡es una maldición transgeneracional de glúteos sensibles!  


Pasaporte, visa y el coxis destruido. Mi trasero está fuera de servicio y el almohadón heredado vuela a Inglaterra. Si me ven paseando en silla de ruedas por el Duty Free con una dona ortopédica, no juzguen: a mis 54 años decidí romperme el upite yo solita porque para inútiles ya estaba mi ex. No me miren con pena, admiren mi resiliencia. ¡Dios le da sus peores batallas a sus soldados con las colas más frágiles

6 comentarios:

  1. Jajajajjajajaaj espectacular!!!!!!!

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  2. Te te entiendo! Yo me lo rompí cayendo de culo al barro, en un lugar mágico del planeta tierra: en la laguna de Ya cabello, dónde están todas las especies de aves del país. Tremendo y humillante dolor. El famoso almohadón con agujero me acompaño largo tiempo, porque ese hueso resabio de nuestros ancestros simios, no tiene utilidad alguna pero demora en recuperes. Buen viaje y seguir a full con la resiliencia. Que el fantasma del ex no te lechucee.

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  3. Yancanelo se llama la laguna.

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  4. Que bueno este relato, pero que mala suerte! Gracias x hacer gracioso un momento de mierda

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  5. Reina, sentarse de cotele, es la opción. Animo, yo por solo una sentada en una silla fantasma, tarde unas semanas en lograr compostura. Te deseo pronta recuperación y "vos, reina, sentada de costadito"... hasta Londres, sin escala!! Soy tu fan destacada.

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  6. Soy marce, no se xq sale anonimooo

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